Ross MAGAZINE. Carta a los lectores. Abril 2026
- Ross Monasterios

- 26 abr
- 3 Min. de lectura
¡Tenía tanto tiempo que no me sentaba frente a esta pantalla para hablarles así, de corazón a corazón! A veces la vida nos envuelve en una marea de compromisos y, cuando nos damos cuenta, han pasado semanas sin que nos detengamos a respirar a través de las palabras. Pero aquí estoy de nuevo, en mi amada Caracas, sintiendo ese silencio acogedor de mi casa que tanto extrañaba.
En casa no escribo sola. Tengo a mi lado a mi compañera fiel, mi hija perruna Linda Monasterios, que me mira con esa ternura que solo los seres puros tienen. Por cierto, ¡ya el viernes cumple años! Así que estamos en modo celebración adelantada, con el corazón inflado de gratitud por su compañía. Es increíble cómo estos seres nos enseñan tanto sobre el amor sin condiciones, ¿verdad?
Pero les cuento, este reencuentro con ustedes no es casualidad. Vengo con el alma todavía cargada de la energía más pura de nuestra tierra.
Hace poco recibí una invitación flash, de esas que te sacuden la rutina y te dicen: "Ross, es hora de reconectar". Y así, sin pensarlo mucho, me vi volando con Conviasa —mi aerolínea de siempre— y con el respaldo de Turaser, que son mi gente de confianza para que todo fluya sin tropiezos, directo a nuestro majestuoso Parque Nacional Canaima.
Si cierro los ojos, todavía puedo sentir la brisa cuando nos acercamos al Salto Isabella. ¡Por favor! Ver esa caída de agua desde el aire te hace entender lo pequeños que somos y, al mismo tiempo, lo inmensamente bendecidos que estamos de haber nacido en este país.
Me hospedé en el Campamento Uruyén, un lugar que es pura magia contenida; imaginen que solo tiene 9 habitaciones. Esa exclusividad te permite escuchar el susurro de la sabana de una forma que no tiene precio.
Caminamos por el Valle de Kamarata hasta llegar a las Cuevas de Kavac. Entrar en esa garganta rocosa, sentir la humedad de las paredes y el eco del agua en ese santuario natural al sureste del Auyantepuy, me recordó por qué amo lo que hago. Pero la verdadera joya fue el Salto El Fantasma; es algo alucinante, de esas experiencias que te dejan sin palabras, pero con el alma gritando de alegría.
Incluso en la mesa hubo aprendizajes. Probé el Tuma, esa sopa ancestral de la etnia Pemón. Todo allí es cosechado por ellos, con sus propias manos, con el ritmo de la tierra. Saborear ese plato fue como recibir un abrazo de nuestras raíces más profundas.
Me hizo pensar en cómo, a veces, buscamos lo complejo y lo sofisticado, cuando la verdadera esencia está en lo que nace del suelo y se comparte con verdad.
A ti, que me lees hoy, quiero dejarte este mensaje que ha sido mi mantra desde que regresé: Nunca dejes de sorprenderte por los pequeños detalles. He ido a Canaima varias veces, pero esta vez descubrí matices que nunca antes había visto. No importa si has hecho algo mil veces o si visitas el mismo destino una y otra vez; si cambias la mirada, todo se transforma.
Cada viaje, cada amanecer, incluso cada café frente al computador con Linda a mis pies, es una oportunidad para encontrar lo extraordinario en lo cotidiano.
No permitas que la costumbre te empañe la vista. La vida es un milagro que ocurre en cada segundo, y si estás aquí, es porque todavía tienes muchas siembras bonitas que cosechar.
Gracias por esperarme, por estar aquí y por ser parte de este espacio que es tanto mío como de ustedes. Prometo no perderme tanto tiempo, porque estos reencuentros son los que me dan el "Power" para seguir adelante.
Con amor profundo y la fe más inquebrantable, los abrazo en la distancia.
¡Vamos con todo el Power!





















.jpg)



Me encantó tu buena vibra y como lo describe gracias por compartir